La esclavitud sexual: la otra cara del Trafico Humano

octubre 6, 2010 por  

Sentada en la cárcel del Condado de Boone, la mujer china no le parece una delincuente a Kelley Lucero.

Lucero averiguó que la mujer había venido a Estados Unidos en busca de un college para su hijo adolescente. Había venido legalmente como parte de un programa de intercambio cultural pero aquí su vida tomó un giro inesperado y horrible.

Forzada a trabajar en un salón de masajes, terminó siendo arrestada por prostitución en una parada de camiones entre Kansas City y St. Louis.

Sólo un ojo experto como el de Lucero pudiera ver algo que los policías del Condado de Boone pasaron por alto y que la mayoría de los policías no están entrenados para percibir.

“No era un prostituta”, aseguró Lucero, una coordinadora de programas sobre abuso sexual en un albergue de violencia doméstica en Columbia. “Es una víctima del tráfico humano”.

Y, sin embargo, la mujer lleva cinco meses en la cárcel.

Cuando EEUU asumió una posición mundial de liderazgo ante el tráfico humano en el 2000, los legisladores querían rescatar a las extranjeras convertidas en esclavas sexuales en suelo estadounidense. En demasiados casos, sin embargo, eso no ha sucedido.

En sus seis meses de investigación sobre la efectividad de EEUU en la guerra contra el tráfico humano, The Kansas City Star encontró que el sistema originalmente designado con el tráfico humano en mente frecuentemente no tiene éxito en contactar a esas víctimas.

Algunas son erróneamente identificadas como prostitutas y terminan o bien perdidas en el laberinto de la burocracia penal o de regreso a las calles. Sin embargo, aun cuando sean identificdas por la justicia, algunas se niegan a pasar por el proceso de encausar a sus traficantes, demasiado atemorizadas o desconfiadas para revelar los horrores que han sufrido. Los críticos se quejan de que la ley de EEUU es esencialmente defectuosa porque vincula la ayuda a las víctimas con su disposición a ayudar en los encausamientos.

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Fuente: El Nuevo Herald

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